Caminos de dolor: historia de una joven desplazada

Mirla Pérez

@mirlamargarita

 

La migración puede verse desde distintos puntos de vista, desde el conceptual pasando por la recepción de los distintos países hasta ubicarnos en la vivencia del desplazado. Verla desde el joven en un país en conflicto es un desafío. Mirarla desde los ojos de quienes se desplazan, es un tarea reveladora y muy conmovedora. Desde el Centro de Investigaciones Populares hemos decidido comprenderla e interpretarla desde la persona y sus vivencias.

Nuestra mirada hoy se hará una, con la mirada del joven que decide huir de unas condiciones de vida y conflicto que le exponen al límite permanente entre la vida y la muerte. Esto implica la migración para el venezolano hoy, no saber qué pasará mañana, no tener puerto de llegada, dejarse sorprender por la novedad que encuentra, sea buena o mala.

Me centraré en un fragmento de esta historia del caminante venezolano por América, la veremos desde una joven decidió huir por su familia, por la vida, por la posibilidad de poder comer, huyendo a la violencia y en la búsqueda de poder ayudar a quienes quedaron en Venezuela. En esta ocasión acompañaremos a Yonma, una historia escogida entre varias que hemos registrado a lo largo de nuestras investigaciones.

Hoy se vislumbra un futuro no muy alentador en materia migratoria y de desplazamiento forzado de venezolanos, para final del año 2021, la Organización de Naciones Unidas proyecta más de 7 millones de migrantes y refugiados. Es un número alarmante que requiere ser atendido por organismos nacionales e internacionales y grupos de investigación que puedan dimensionar el problema. Los efectos son múltiples, hacia dentro y hacia afuera del país.

En el país los grupos vulnerables van en crecimiento, muchos abuelos solos, familias de niños sin adultos que los cuiden y jóvenes a quienes les queda la violencia delincuencial como única vía de sobrevivencia y mantenimiento de la familia. Frente a grandes problemas sociales surgen duros desafíos.

Veamos esta historia contada por esta joven en plena travesía:

Acompañaremos a Yonma, una joven de 21 años con una niña pequeña que decide llevarla consigo en esta travesía desafiante, dos vidas, joven e infantes que sueñan superar el hambre vivida y la imposibilidad de tener libertad en Venezuela.

Nos centraremos, brevemente, en el reto que ha implicado para ella y lo que sus vivencias registran en este trayecto desafiante como la migración. Para nosotros tiene un valor incalculable la palabra de quien narra y nos ubica en el contexto. Yonma sale de Venezuela porque queda sin opciones laborales, ella se desempeña como comerciante exitosa, pero de repente queda sin nada y se ve obligada a migrar.

En su paso migratorio serán muchas las vivencias, destacamos aquí su experiencia como partera de otra venezolana joven que se ve forzada a parir en la calle. En este acto Yonma muestra valentía, coraje, disposición y entrega, de su relato total tomamos este fragmento que hemos titulado: Parir en la oscuridad.

“Y ese día la muchacha pare… cuando nosotros nos acostamos como a las nueve, diez de la noche, nos acostamos a dormir. La muchacha a las doce de la noche me para… y ella me decía: “Catira, me estoy orinando, me estoy orinando”. Yo me paro y le digo: “¿Cómo que te estás orinando?”. Le están alumbrando con un teléfono y cuando veo que eso era agua y agua, y no “no estás orinando, este es el líquido que estás botando, vas a parir”.

Y esa mujer se puso mal, los dolores de parir pues. Y parando carros, los hombres se pararon en la carretera parando carro, los carros no se paraban, decían que iban a llamar la ambulancia y nunca llegó la ambulancia, nunca llegó policía, nunca llegó nada, yo tuve que partearla.

El niño nació, todo bien, gracias a Dios. El niño nació a las 2:15 de la madrugada. Nosotros nos acostamos a dormir y a descansar, ya había parido, que más íbamos a hacer, nos acostamos a dormir. A las cinco de la mañana nos levantamos porque necesitamos que a ella la viera un médico, yo no soy ginecóloga ni nada de eso, y bueno, Dios me dio la fuerza para realmente hacer eso, y yo lo único que le pedía a Dios era que todo estuviera bien, que ella llegara a un médico y la pudieran examinar.

A las cinco de la mañana no se nos querían parar carros, y yo les dije a ellos: “Vamos a poner piedras en la vía, de alguna manera se nos tienen que parar, porque es una emergencia, una muchacha recién paría”. Entonces, llegó la policía, que nos iban a meter presos, que yo no sé qué, y yo le dije: “Métanme presa, pero yo no estoy haciendo nada malo, aquí hay una muchacha recién parida, con un niño que no sabemos si está bien o si está mal, no sabemos si ella está bien, si ella está mal, porque yo no soy médico, me tocó hacerlo porque aquí ninguno se pudo parar a llevarla para el médico, nos decían que iban a llamar a la policía, la ambulancia y nunca llegó”.

Este episodio es sociológicamente interesante, por un lado, nos muestra la disposición a ayudar y resolver de parte del migrante venezolano y las relaciones interhumanas que se establecen en la travesía y, por el otro, la poca disposición a la asistencia de parte de los organismos del otro país al auxilio del migrante en condiciones límites de la vida.

Desde la mirada de joven la Yonma, la vemos a ella, pero también nos ubica en un grupo de jóvenes que comparten su misma situación, la mujer parturienta es también una joven de 19 años, su marido y los acompañantes de camino. Toda una generación en desplazamiento forzoso.

Una nueva realidad, el niño que nace en la calle sin nacionalidad y a la intemperie.