EL PODER DE LA COMUNIDAD VS LA IMPOSICIÓN COMUNAL

Autor: Mirla Pérez

 

INTRODUCCIÓN

Esta es una ponencia enmarcada en el foro “Ciudades Comunales: Estado Comunal vs empoderamiento ciudadano y comunitario,” pero también es un producto parcial de una investigación que llevamos adelante en el Centro de Investigaciones Populares.

Inevitable pensar en la externalidad de los dos vocablos que sostienen esta disertación: comuna-comunidad, ambos evocan realidades distintas, proyectos distintos de país, bifurcación de historias y prácticas. Dos mundos. Dos significados. Por un lado, el Estado Comunal, sobrevenido en programa impuesto y, por el otro, la comunidad, sociedad, ciudadanos que constituyen la historia que se ha venido cultivando hace ya más de 500 años de nuestro vivir hispano americano.

La vida, tradición y cultura están de nuestro lado. Del lado de la comunidad. ¿Homogénea? No. Heterogénea y diversa. Eso somos y hemos sido, debilidad y fortaleza. Ese es nuestro pueblo hoy fustigado por un plan impuesto, externo e interventor capaz de demoler toda vida, cultura y sociedad que no pueda someter.

Tomo de Ortega y Gasset, su noción del vivir como fuente de toda realidad histórica: “miran de la historia sólo la política o la cultura, y no advierten que todo eso es sólo la superficie de la historia; que la realidad histórica es, antes que eso y más hondo que eso, un puro afán de vivir, una potencia parecida a las cósmicas; no la misma, pero sí hermana de la que inquieta al mar, fecundiza a la fiera, pone flor en el árbol, hace temblar a la estrella.”

Vivir es fuerza, motor, ímpetu. Vamos a quedarnos con esta idea que trabajaremos más adelante, por lo pronto, vivir es una acción creadora y liberadora, fecunda.

Del vivir pasamos a la comunidad, me quedo con el concepto antropológico amplio: “es un todo humano cuyos miembros viven por y para ella.” Tienen una historia, territorio, costumbres, relaciones comunes. Nuevamente se está y se comparte en torno al vivir y convivir en un espacio histórico determinado.

I. Comuna:eliminación de la identidad

 

Tomaré del Diccionario de la Real Academia Española, la definición de comuna en su segunda acepción: “Forma de organización social y económica basada en la propiedad colectiva y en la eliminación de los tradicionales valores familiares.”

La base de la comuna es la propiedad colectiva, en el fondo resuena interés, ideas, conceptos comunes. Mecanismo, dispositivo elaborado bajo los intereses de quienes imponen este tipo de organización social, convertido en espacio de control. El punto de partida es la eliminación de aquello que hace comunidad. Por tanto, la comuna parte de la destrucción de la tradición, de la identidad, de la trama relacional y afectiva en un tiempo y lugar determinado.

Comunidad y comuna no son opuestos, son externos uno al otro. Pertenecen a un universo de significado completamente distintos. Constituyen el punto de partida de dos países distintos. Hablar de Comuna es situarse en el desplazamiento de las estructuras antiguas, tradicionales y establecimiento de una nueva geopolítica, un sistema de distribución territorial basado en otros principios rectores.

¿Cuál es el principio rector? El “poder popular” está constituido por el poder miliciano que desplaza lo civil. Notemos que la estructura no es propiamente militar, por eso han venido desmontando, sistemáticamente, las fuerzas armadas institucionales. Es así como el Sistema de Organización Territorial de las Unidades Populares de Defensa Integral (SOTU) está anclado a la territorialidad miliciana.

Cuando sospechamos que este régimen es miliciano y no militar, lo hacemos desde las prácticas y vivencias de los sujetos que nos conducen a preguntarnos por la naturaleza del poder que domina, es por ello por lo que reproducimos, a continuación, lo que un miliciano dice del paso de la reserva a la milicia: “Ellos observaron que la Reserva era pura gente mayor… y crearon la Milicia Bolivariana y crearon… el 5to componente. Por eso hay problema con unos Sargentos que han ido a la Escuela (oficiales del ejército institucional). Estos sargentos han ido a la Escuela Técnica y salen como técnicos, profesionales, pero ellos son Sargentos igualitos que nosotros que no fuimos a ninguna Escuela Técnica, pero vamos y hacemos las mismas maniobras que ellos ¡igualito somos Sargentos!, ¡igualito! Y horita, en lo que ganen la Asamblea tú vas a ver a más de un miliciano por ahí… van a asignar los batallones como es, van a asignar como es, ¿me entiende?” (Antonio, 2020, sargento miliciano)

Tenemos, entonces, que el territorio, la formación y el apresto es miliciano y no militar. Las Ciudades Comunales vendrán a constituirse en las regiones integradas por las comunas en la que terminará de desplazarse el poder civil. De hecho, en la ley que las regula, reglamentan y dan curso legal a la autonomía relativa de estas instancias. ¿Dónde reside el verdadero poder?

II. Características del territorio comunal

La geopolítica local: La cartografía social como ejercicio de dominio territorial de las comunas y Ciudades Comunales, es una de las tareas que quedará abierta en el nuevo diseño territorial. Tengamos en cuenta que la fragmentación del territorio ya está en marcha, hay lugares, especialmente en los estados fronterizos, donde mandan los grupos irregulares. ¿Quiénes van a marcar ahí el territorio? ¿Bajo qué legislación se hará? ¿Qué interés priva en los lugares que concentran más que un barrio o más que una parroquia? ¿Cómo agrupas el territorio tomado, ocupado o conquistado por la delincuencia organizada: Cota 905, el Valle, Coche, Cementerio?

La cartografía comunal, tal como lo dice la ley, serán “unidades funcionales con criterios geo-históricos…” ¿Para quién debe ser funcional? En el horizonte del Estado Comunal no está la unificación territorial sino su dispersión que garantice cuotas de poder en un Estado desmembrado. ¿Cómo quedan las comunidades frente a esto?

Una Cartografía dejada a los criterios comunales debe tener un límite, ¿quién lo coloca?: la estructura miliciana, que unifica los componentes cívico-“militar”. El límite lo produce la jerárquica miliciana, el diseño de la distribución del CLAP y de otros bienes y servicios se hace a partir de las Zonas Estratégicas de Defensa Integral. Pasamos del SOTU al ZODI.

La lógica comunal está sostenida en la premisa que la estructura está por encima del sujeto, que lo aplaste, que lo reduzca, que lo elimine. En este sentido, los milicianos que entrevistamos lo decían con toda claridad: “La revolución lo es todo,no es la gente, es la revolución que lo es todo…” La idea, el proyecto, por encima de la persona.

Si como proyecto tiene como prioridad la estabilidad por vía de los cuadros, militantes y gente ideológicamente comprometida, aseguran un control con un fragmento poblacional de más o menos el 20%. Esto hace que las Estructuras estén activas y extendida a lo largo del territorio, pero vacías de participación. Vacía de gente, pero con jefes al mando que asegura funcionalidad. Dicho desde su propio lenguaje: “no somos todos, ni somos muchos, pero estamos donde debemos estar…”

¿Qué vemos nosotros en las comunidades desde nuestras investigaciones? Que las estructuras comunales están ocupadas por funcionarios, se ha desplazado la noción de liderazgo por la de jefatura, esto es, no hay líderes, hay jefes: “jefes de calle”, “jefes del Clap”, “jefes de servicios”, etc.

Queda claro que la dominación es de una minoría, no sólo ideológica, sino poblacional que se impone a la mayoría porque tiene los mecanismos de poder para hacerlo: ejercito regular, irregular y delincuencial.

III. Comunidad: tradición e identidad

Para que ese todo humano pueda vivir por y para la comunidad, esta debe ser un espacio de encuentro y tradición, “un entramado de relaciones, para decirlo con Moreno (2002), de vecindad convivial, es un hecho indudable para cualquiera que se sumerja en el pueblo y desde él la viva. No una comunidad de instituciones comunales, sino una comunidad de relaciones conviviales que produce sus propias formas de convivencia…”

Esta comunidad humana es la que vemos ausente en la institucionalidad o estructuras comunales. Está replegada. Está ausente, no se vive convocada, no es parte de un proyecto que no le pertenece. No es parte de un proyecto que le niega de entrada.

Nos va quedando claro que son dos bloques humanos e histórico-culturales, totalmente distintos, externos uno al otro. Cada otredad se reafirma en sí mismas. El chavismo con el Estado Comunal ejerce el poder de las estructuras y desde ahí somete a las comunidades. ¿Dónde radica la resistencia comunitaria?

En la raíz cultural, en el vivir. Acá veamos un concepto clave al que Moreno accedió como una vía de comprensión: el homo convivalis. “La familia matricentrada va mucho más allá de ser un fenómeno social. Trasciende a lo antropológico; produce un homo… Lo defino como homo convivalis. En el término convivalis, quiero que resuenen todas las connotaciones del latino convivium, del platónico symposion,del castellano banquete y del venezolano sancocho. Dicho, pues, en términos más vernáculos viviente-en-madre sólo es homo convivial. El venezolano popular es, pues, un «convive». (Moreno, 353)

Este convive apuesta por la persona, no por las instituciones, la convivencia le constituye; mientras que el chavismo apuesta por las estructuras implicando, incluso, la eliminación de la persona, de cualquier sujeto distinto a él.

IV. Desde la comunidad: ¿Ocupación o efecto tsunami?

Lo que hemos encontrado en las comunidades e interpretado, hasta ahora, es que el chavismo con las estructuras comunales ha ido ocupando el territorio. Desde el año 2006 con los Consejos Comunales, fue eliminando las organizaciones naturales de la sociedad y comunidad. De modo que estamos frente a un “ejercito” o aparato de ocupación no convencional.

Por esta razón la metáfora que quiero utilizar es la del tsunami. El chavismo viene haciendo que las comunidades se replieguen en su historia, en su tradición, en su sentido, en su familia, que abandonen el espacio público. ¡Qué dejen libre la orilla!

Una comunidad sin autonomía, golpeada fuertemente, a merced del poderoso, se recoge, se contrae, se repliega, se desplaza como la masa de agua que da origen al tsunami.

Esta metáfora me lleva nuevamente a Ortega, la fuerza del vivir es tan poderosa que “hace temblar a la estrella” “potencia cósmica”, que tiene la fuerza arrasadora de un tsunami. El vivir comunitario, familiar y personal del venezolano tiene el poder de la huida (desplazados en América Latica capaces de llegar a Perú caminando) pero también el repliegue en la sobrevivencia y en la resistencia que requiere de un llamado coherente hacia la acción.

La pregunta es ¿desde dónde pensamos una organización que haga que la resistencia se convierta en poder? ¿De qué depende qué la ola replegada se convierta en tsunami y arrase con la orilla ocupada? Depende de la mirada política del grupo que puede acompañar esta fuerza que, por supuesto, es aquel de origen democrático y que comparte una misma historia con la comunidad. La política se construye a partir de la empatía. La empatía está negada para el chavismo.

El empoderamiento, en este caso, es convertir en poder la resistencia, el repliegue. Desde nuestra experiencia en las comunidades vamos viendo que no hay conformidad, el chavismo no se ve como liderazgo, por tanto, reclaman liderazgo,acompañamiento, presencia. Eso implica que las estructuras comunales, aunque están en todas partes no tienen significado para las comunidades.

El poder comunal ya no hace política. La política como espacio de la pluralidad la hacen los otros, la mayoría, las comunidades, partidos, organizaciones que están en la otra orilla. Seguimos en la historia del desencuentro de mundos.

Cierro con, lo que a propósito de la identidad dice, Havel Vaclav: “En el sistema postotalitario está inscrita la implicación de todo hombre en la estructura del poder, no porque realice ahí su identidad humana, sino para que renuncie a ella en favor de la identidad del sistema (…)”.

Las comunidades no están implicadas en el poder totalitario, es el objetivo de un sistema como este: anular la voluntad y lograr la desidentificación cultural que permita el sometimiento. Las comunidades en lugar de renunciar a su identidad se repliegan en ella, la reafirman, convirtiéndose, así, en una verdadera amenaza para el sistema de dominación. ¿Seremos capaces de verlo.