Inmovilidad humana: gasolina, hambre y muerte

Cuando un sistema busca el sometimiento y la eliminación pone en marcha dos acciones básicas: la inmovilidad y el aislamiento. El propósito es disminuir las capacidades de las personas y enfrentarlas a la oscuridad de la indeterminación e inseguridad.

Al momento de escribir estas líneas (a propósito de lo arriba señalado), me encuentro en el Zulia. Reproduzco parte de la conversación que tuve con una vieja amiga, al llegar: “mi mamá se murió, le dio un ahogo a plena luz del día, no había oxígeno en el hospital y no pude sacarla pa’ Maracaibo porque no había, ni hay, gasolina. La gente no tiene gasolina y eso ahora no se puede comprar en bombas, el bachaqueo es a domicilio, están prohibidas las colas, pero, de hecho, la gasolina es imposible comprarla, cuesta 1.5 dólares.

Mi amiga no pudo moverse, su inmovilidad fue el correlato de la muerte. Muchos elementos juegan en esta historia, apuntan todos a un principio: crisis humanitaria de origen político. Estamos siendo sometidos por un sistema que ha eliminado el Estado social y de derecho, apuesta, permanentemente, por la vulnerabilidad humana. El régimen se mantiene a expensa de nuestra debilidad.

Nuestras ciudades y pueblos del interior vuelven a la economía y producción rural, en menos de una década, vemos en sus calles transportes movidos por la fuerza animal, bajo las riendas del hombre, carretas arrastradas por el burro. Volvemos a la leche cruda transportada por este medio, comprada a puerta de corral, sin pasteurizar, ni homogeneizar, constituye el signo del tiempo superado y la vuelta a una sociedad preindustrializada.

Por otro lado, tenemos municipios asediados por la delincuencia organizada. Los delitos típicos son el sicariato y la extorsión. Predomina la extorsión, delito que sostiene toda una economía negra y criminal, y se comete contra todo aquel que tenga un negocio del tamaño que sea, desde una venta de empanada hasta comercios medianos, como ferreterías o supermercados.

Está prohibido pintar las casas, así como lo leen, prohibido porque “hacerlo significa que alumbras”, quiere decir que tienen plata porque los que emigraron están enviando dólares, por tanto, hay que pagar vacuna por pintar: “las casas están descoloridas, todo parece viejo, tener las casas bonitas ya no es una opción, hay que pagar 1 dólar diario de vacuna, el que se atreva a pintar”. En esta localidad están coexistiendo los múltiples delitos y condiciones de vida extrema.

La movilidad está seriamente comprometida. En nuestras notas de campo registramos: “quisiera tener opción a los camiones que transportan gente, las perreras, llega uno más rápido, aquí nos toca caminar de sol a sol, afortunado el que tiene una bicicleta, con ella se llega hasta Maracaibo”. A parte del control socio-político, la inmovilidad es pobreza, es hambre. Un pueblo inmóvil, es un pueblo hambriento.

Por otro lado, a la sombra de una industria como la camaronera crecen mafias en el lago que buscan controlarlas. Atacan tanto al pescador como a la familia de los empresarios. Municipios enteros se han convertido en zonas de paz (ya sabemos lo que eso significa) donde la guerra entre bandas han hecho florecer megabandas criminales a expensas de la viejas bandas territoriales. Pueblos asediados por el miedo y el temor.

La vacuna, mecanismo criminal de “protección” del secuestro y extorsión, constituye una de las vías del control delincuencial de las comunidades. Es un ciclo en el que se genera el delito y, al mismo tiempo, la defensa delincuencial del amenazado. Se produce y controla el delito por el mismo cuerpo criminal.

Esto ocurre en el Zulia: aislamiento, inmovilidad, crimen organizado, precarización de la economía, un robusto mercado negro, condiciones de vida de pobreza extrema y un Estado fallido, que somete sin reconocer ningún derecho. Podemos decir que la vida no está garantizada.

Estamos frente a un país devastado, en revolución, avanzando en su propósito. ¿Se puede pensar en normalización de cualquier proceso sea económico, social, político o electoral? ¿Puede pensarse, si quiera, en condiciones electorales justas? ¿En cuánto de estos lugares la “política” está asociada a la delincuencia?

Afirmaciones como estas son frecuentes escuchar: “las bandas criminales ponen y quitan alcaldes, son ellos quienes financian las campañas”. ¿Se puede acudir a ciegas a un proceso electoral? Las condiciones fundamentales de la política son la libertad, la movilidad, la posibilidad de la conexión y organización, sin ello es imposible generar procesos de poder alterno, distinto al establecido.

En medio de este caos las comunidades zulianas siguen resistiendo, se sostienen en su identidad y cultura, pero no hay una mano que enlace y haga de la resistencia, poder.